IBI caspolino…¿perdonado?…

Reproducimos aquí el artículo publicado por Marina F. Guadel en “El Guadalope”

http://elguadalope.es/2014/01/02/ibi-caspolino-perdonado/#more-55885

 

IBI Caspolino… ¿perdonado?…

En Caspe existía un número aproximado de unos 200 inmuebles que no cotizaban el obligatorio Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI).

Es triste observar que, en Caspe, tantos años después, aún hay mierda debajo de las alfombras , oscuridad en las cloacas del recientemente remodelado edificio Consistorial e impunidad en algunos sillones técnicos. No es excusa mirarse en otros espejos por vomitiva que sea la imagen que transmiten.

IBI Caspolino… ¿perdonado?…

De susto, en susto, la agonía del 2013 nos ha traído la noticia de que en Caspe existía un número aproximado de unos 200 inmuebles que no cotizaban el obligatorio Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI). Al parecer el actual equipo de gobierno municipal actualiza los datos, para, al menos, cobrar los últimos cuatro años antes de que prescriban. Los anteriores se quedan en los bolsillos de los infractores en claro agravio comparativo respecto a los caspolinas/os que hemos cumplido, a pesar de lo que está cayendo, con nuestras obligaciones tributarias.

A mi entender, la cuestión es gravísima, no sólo por el agravio comparativo mencionado, sino porque Caspe ha estado gobernado por elementos técnicos y políticos que han consentido tal situación. Nadie puede creerse que ni los políticos de la época (que han gobernado largamente Caspe) ni los técnicos a su servicio (técnico e ideológico) no sabían que tal número de ciudadanos no atendían sus obligaciones tributarias. O sí. No estamos hablando de una ciudad donde el número de habitantes podría “tapar” tal infracción. Estamos hablando lisa y llanamente de un pueblo.

Si las cosas funcionaran como deberían hacerlo, Caspe exigiría responsabilidades a los que han permitido tal situación que, en casos concretos, ha beneficiado precisamente a elementos que no se caracterizan  por su crítica situación económica. Ese número de entidades ciudadanas que, en muchas ocasiones reclaman apoyo económico institucional para sus actividades, deberían estar a la cabeza de esa exigencia denunciando públicamente la situación que, lejos de ser un olvido, una mala gestión política y técnica, es, presuntamente, un trato de favor a una parte de los ciudadanos defraudadores en detrimento de los que no lo son.

La prevaricación es un término que está tristemente presente en los titulares de la prensa de este país y los referentes a Caspe en concreto. Comparable a la prevaricación es el incumplimiento de los deberes del servidor público que está castigado en el Derecho Penal. Es llamativo que el ciudadano caspolino consienta que ciertos técnicos sigan estando en sus sillones (ahora, al parecer más controlados, pero allí están en definitiva). Por su parte, los políticos presumiblemente consentidores de esta situación, no están libres de asumir la importante responsabilidad que les toca en este turbio asunto. También estoy convencida de que no la asumirán.

Desde el principio y en estas mismas paginas y se ha calificado la no recaudación de este impuesto a algunos ciudadanos como “una desidia administrativa”. En mi opinión no cabe la “desidia” en el funcionario público  y  de existir tal actitud es perfectamente punible en el marco del actual Código Penal. El artículo 433 bis dice textualmente: “La autoridad o funcionario público que, de forma idónea para causar un perjuicio económico a la entidad pública de la que dependa (….) falseare su contabilidad, los documentos que deban reflejar su situación económica (…) será castigado con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de uno a diez años y multa de doce a veinticuatro meses”. ¿El presunto perdón a una parte de la población del pago de un impuesto obligatorio no ha causado un perjuicio económico al Ayuntamiento de Caspe y por ende a toda la ciudad?

En este caso y en los que están por venir –estoy convencida- el Ayuntamiento de Caspe, como institución, debería ser implacable en la defensa de la información pública, -de la información directa al ciudadano- en la explicación veraz, clara y meridiana de cualquier situación –heredada o no- que atente contra los intereses de Caspe; la denuncia incansable del amiguismo generador de votos cautivos.

Es triste observar que, en Caspe, tantos años después, aún hay mierda debajo de las alfombras , oscuridad en las cloacas del recientemente remodelado edificio Consistorial e impunidad en algunos sillones técnicos. No es excusa mirarse en otros espejos por vomitiva que sea la imagen que transmiten.

Marina F. Guadel

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